Irán lanzó ataques contra Israel, Qatar y otros países en Medio Oriente tras los bombardeos de EE.UU. e Israel
Una nueva y grave escalada sacudió al Medio Oriente luego de que Irán ejecutara una ofensiva con misiles y drones contra objetivos en Israel y otras posiciones estratégicas de la región. La acción fue presentada por Teherán como una respuesta directa a los recientes bombardeos estadounidenses e israelíes sobre su territorio. La comunidad internacional observa con alarma el riesgo de un conflicto de mayor escala.
Un coordinado ataque lanzó Irán durante la madrugada contra instalaciones en Israel y bases vinculadas a intereses occidentales en distintos puntos del Golfo. Autoridades iraníes confirmaron que la ofensiva incluyó misiles balísticos y drones de largo alcance, mientras que sistemas de defensa aérea israelíes interceptaron parte de los proyectiles.
En Israel, sirenas antiaéreas sonaron en varias ciudades y se reportaron explosiones en zonas cercanas a infraestructuras militares. El gobierno israelí aseguró que la mayoría de los misiles fueron neutralizados, aunque reconoció daños materiales y víctimas que están siendo evaluadas por los servicios de emergencia.
También se registraron impactos y alertas en Qatar y otros países de la región donde operan bases militares extranjeras. Las autoridades qataríes activaron protocolos de seguridad y suspendieron temporalmente operaciones en algunos espacios aéreos como medida preventiva ante la posibilidad de nuevos ataques.
La ofensiva se produjo días después de que Estados Unidos e Israel realizaran bombardeos selectivos contra instalaciones estratégicas en territorio iraní, operaciones que, según Washington y Tel Aviv, apuntaban a frenar capacidades militares consideradas una amenaza. Desde Teherán calificaron esas acciones como una “agresión directa” y advirtieron que habría represalias.
Un creciente temor expresan ahora organismos internacionales y líderes mundiales ante el riesgo de que la confrontación derive en un conflicto regional de gran magnitud. Diplomáticos intensifican contactos para intentar contener la escalada, mientras los mercados energéticos reaccionan con volatilidad frente a la incertidumbre en una de las zonas clave para el suministro global de petróleo y gas.
Con la tensión en su punto más alto en años, la región permanece en estado de alerta y bajo una frágil calma que podría romperse ante cualquier nuevo movimiento militar.