Trump presenta un plan de paz de 28 puntos para poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania
La propuesta exige concesiones territoriales de Ucrania, limitaciones militares, un acuerdo de no agresión y un freno a la expansión de la OTAN. Kiev, Moscú y líderes europeos reaccionaron con cautela y preocupación ante un borrador que podría reconfigurar por completo el conflicto.
Washington — El expresidente estadounidense Donald Trump impulsó un plan de paz de 28 puntos para terminar la guerra entre Rusia y Ucrania, una iniciativa que se presenta como la hoja de ruta más ambiciosa —y también más polémica— desde el inicio de la invasión en 2022.
El borrador plantea que Ucrania ceda territorio actualmente ocupado por Rusia, en particular áreas del Donbás. Esta condición funciona como piedra angular del documento y ha sido interpretada por analistas como una concesión significativa a Moscú, ya que consolidaría parte de sus avances militares.
La propuesta también exige que Ucrania reduzca el tamaño de sus Fuerzas Armadas y acepte una serie de limitaciones en su capacidad de defensa. A cambio, el plan promete “garantías de seguridad verificables”, aunque no detalla quién las implementaría ni bajo qué mecanismos.
Uno de los puntos más controvertidos consiste en que Ucrania renuncie a su aspiración de ingresar a la OTAN e incorpore esa renuncia en su Constitución. Por su parte, la alianza atlántica asumiría el compromiso de no expandirse más hacia el este, una demanda histórica del Kremlin.
El texto incluye la creación de una zona desmilitarizada en regiones consideradas de alto riesgo, cuyo control quedaría bajo supervisión internacional. El objetivo, según el equipo de Trump, sería reducir tensiones fronterizas y evitar nuevos enfrentamientos mientras se implementa el acuerdo.
En materia económica, el plan prevé un levantamiento progresivo de las sanciones contra Rusia, condicionado a su cumplimiento de cada etapa del acuerdo. También propone utilizar parte de los fondos rusos congelados en el extranjero para financiar la reconstrucción de Ucrania, y sugiere una eventual reintegración de Moscú en foros económicos como el G8.
Desde la Casa Blanca, voceros del equipo de Trump calificaron la iniciativa como “realista y beneficiosa para ambas partes”, insistiendo en que es la única vía para alcanzar una paz duradera, dado el estancamiento en el frente de batalla.
Las reacciones no tardaron en aparecer. En Kiev, el presidente Volodímir Zelenski reconoció haber recibido formalmente el plan, pero evitó dar un respaldo explícito. El mandatario considera que cualquier propuesta que implique entregar territorio ucraniano es extremadamente difícil de aceptar política y socialmente.
Desde Moscú, portavoces del gobierno señalaron que el documento “no aborda las causas fundamentales del conflicto”, aunque admitieron que representa un punto de partida para futuras negociaciones. Sin embargo, remarcaron que las condiciones deben ser modificadas para ajustarse a las demandas de seguridad de Rusia.
En varias capitales europeas, el plan generó inquietud por su fuerte inclinación hacia las exigencias del Kremlin y por el hecho de que Washington avanzara en la elaboración del documento sin una consulta amplia a sus aliados. Funcionarios europeos temen que implementar la propuesta debilite la posición estratégica de Ucrania y altere el equilibrio de seguridad en el continente.
Especialistas en política internacional advierten que el borrador podría redefinir el mapa político de Europa del Este y dejar a Ucrania en una posición vulnerable, especialmente si se reducen sus capacidades militares sin que existan garantías contundentes de protección externa.
Trump aclaró que el documento aún no es definitivo y que está abierto a modificaciones tras recibir comentarios de líderes europeos y representantes ucranianos. Aun así, el plan ya instaló un debate global sobre qué tipo de acuerdo está dispuesto el mundo a aceptar para poner fin a uno de los conflictos más prolongados y costosos de la última década.
