Día de la Soberanía Nacional: por qué este lunes es feriado y qué se conmemora
El fin de semana largo de noviembre cierra con el feriado trasladado por el Día de la Soberanía Nacional, que recuerda la batalla de Vuelta de Obligado de 1845. La fecha honra la resistencia argentina frente a la intervención anglo-francesa y busca promover el turismo con tres días de descanso.
El fin de semana largo de noviembre llega a su fin: este lunes es feriado porque se conmemora el Día de la Soberanía Nacional, una fecha que originalmente se celebra el 20 de noviembre, pero que –como es una festividad móvil– el gobierno de Javier Milei decidió trasladarlo al 24 para generar tres jornadas de descanso y fomentar el turismo.
El calendario de feriados –dispuesto cada año por el Gobierno nacional– dispone que algunas fechas son inamovibles, como el 9 de julio o el 25 de mayo; pero otras se pueden trasladar, como es el caso del Día de la Soberanía Nacional. Por ello, la gestión de Milei decidió declarar al viernes 21 como una jornada no laborable –donde queda a elección de cada empleador si adherir o no– y pasar el feriado al lunes 24, generando así un fin de semana largo.
El pasado jueves se cumplieron 180 años del combate conocido como “Vuelta de Obligado”: el 20 de noviembre de 1845 las tropas comandadas por Lucio N. Mansilla trataron de impedir que los recién estrenados barcos a vapor de Gran Bretaña y Francia –las dos potencias de la época– avanzaran sobre el río Paraná. Si bien las fuerzas argentinas perdieron la batalla, su accionar fue una muestra de patriotismo, por lo que hace más de cincuenta años en esta fecha se conmemora el Día de la Soberanía Nacional.
La batalla tuvo lugar en cercanías de donde hoy está emplazada la ciudad de San Pedro, al norte de la provincia de Buenos Aires y a pocos kilómetros de Rosario. Este lugar fue estratégico dado que allí el río Paraná se angosta y hace una curva en forma de “S” que dificulta la navegación.
Inglaterra y Francia querían dividir
En 1845 el Estado nacional argentino estaba en construcción. Juan Manuel de Rosas era gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la entonces Confederación Argentina. La lucha interna entre unitarios y federales sobre cómo organizar el país estaba candente y Gran Bretaña y Francia querían establecer relaciones comerciales directas con algunas provincias –entre ellas Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe– y pasar por alto la autoridad de “El Restaurador de las Leyes”.
Ocurría que Francia, Inglaterra y Buenos Aires tenían constantes conflictos diplomáticos. Las potencias presionaban a Rosas para que pusiera fin a la guerra con la Banda Oriental (hoy Uruguay) y quitara las trabas al libre comercio y sus medidas aduaneras que protegían los productos nacionales. Cabe recordar que el jefe de la Confederación había prohibido la navegación de barcos extranjeros por los ríos locales.
La intención de los europeos era clara: querían circular libremente por los ríos nacionales para navegar hacia Corrientes –una provincia que estaba enfrentada a Rosas– y para que Montevideo pudiera comerciar tanto con Paraguay como con las provincias del litoral.
El historiador Mario “Pacho” O’Donnell sostuvo que la intervención anglo-francesa tenía claros motivos económicos: los europeos deseaban expandir sus mercados utilizando sus nuevos barcos de guerra a vapor –ya no a vela– que les permitían internarse en los ríos interiores sin depender de los vientos. Y para eso necesitaban intervenir en el conflicto armado entre la Argentina y Uruguay, a favor de los orientales.
Entre sus planes también estaba independizar Corrientes, Entre Ríos y Misiones para formar un nuevo país, la “República de la Mesopotamia”, que haría del Paraná un río internacional de navegación libre. De esta manera, podrían llegar a Paraguay y hacerse de algodón barato y de buena calidad necesario para las hilanderías británicas, base de su revolución industrial.
Sobre esta idea europea de dividir el territorio, el investigador y escritor Luciano Orellano indicó: “Sabían que eso era muy peligroso, no querían un Estado grande, poderoso, y por lo tanto ya en 1824 nos robaron Bolivia, nos separaron del Paraguay, nos separaron del Uruguay en el 27, y en el 33 nos robaron las Islas Malvinas”.
La respuesta argentina
En medio del conflicto económico entre Buenos Aires y el Litoral, en marzo de 1845 el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, derrota al oriental Fructuoso Rivera. El triunfo federal parece definitivo, por lo cual las grandes potencias deciden intervenir: bloquean el puerto de Buenos Aires en septiembre e ingresan por el Río Paraná en noviembre, violando la soberanía.
A pesar de que sabían que era casi imposible combatir a los invasores debido a su superioridad bélica y tecnológica, la estrategia local se fundó en provocarles la mayor cantidad de daños posibles en sus barcos de guerra y mercantes.
Por ello, en cercanías de San Pedro, donde el río se angosta, las tropas comandadas por el general Lucio N. Mansilla, encargado de la defensa del territorio nacional –junto a criollos, gauchos, indios, mulatos y mujeres– tendieron tres gruesas cadenas, de costa a costa, sostenidas sobre 24 barcazas para cerrar el paso. De esta manera, además, podrían provocar bajas en soldados y marineros durante el tiempo en que tardaran en cortar las cadenas.
Pese al intento de defensa, los ingleses y franceses lograron pasar, dejando un número de bajas en las tropas nacionales diez veces mayor. Sin embargo, si bien lograron cortar las cadenas a la altura de San Pedro, se encontraron con nuevos ataques en San Lorenzo y Tonelero, que aunque no les generaron daños significativos, les obligaron a vivenciar la hostilidad de la defensa nacional.
Tras el combate en Vuelta de Obligado, la expectativa comercial para Francia y Gran Bretaña no fue lo que esperaban y regresaron sin cumplir el objetivo mercantil. Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847, mientras que los franceses lo hicieron al año siguiente. Los tratados de paz recién se alcanzarían en 1849 y 1850.
El 10 de mayo de 1846, José de San Martín le escribió a su amigo Tomás Guido: “Los interventores habrán visto por este échantillon que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca”.
El combate de la Vuelta de Obligado tomó el carácter de ícono de la defensa de la soberanía y, en 1974, fue sancionada la Ley que conmemora al 20 de noviembre como el Día de la Soberanía Nacional.
