Masivas protestas en Bolivia derivan en fuertes disturbios en medio de una grave crisis económica
Bolivia atraviesa una de las crisis sociales y políticas más tensas de los últimos años, con bloqueos masivos, enfrentamientos callejeros y un creciente reclamo contra el gobierno de Rodrigo Paz. Las protestas, iniciadas a comienzos de mayo por reclamos económicos, derivaron en un fuerte pedido de renuncia presidencial mientras el país permanece parcialmente paralizado.
El conflicto en Bolivia continúa escalando luego de más de tres semanas consecutivas de protestas, huelgas y cortes de rutas que afectan a gran parte del territorio nacional. La crisis comenzó formalmente el 1 de mayo, cuando la Central Obrera Boliviana (COB) declaró un paro general indefinido en rechazo a la delicada situación económica que atraviesa el país.
La inflación interanual, que en abril rozó el 14%, la escasez de dólares y los problemas en el suministro de combustibles generaron un fuerte malestar social que rápidamente se expandió a distintos sectores. A esto se sumó el rechazo de organizaciones indígenas y agrarias de las tierras bajas a una controvertida reforma de la ley de tierras impulsada por el Ejecutivo, aunque posteriormente fue derogada.
Con el paso de los días, las movilizaciones dejaron de centrarse únicamente en los reclamos económicos y comenzaron a exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz, quien asumió hace apenas seis meses tras poner fin a dos décadas de gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS), encabezados por Evo Morales y Luis Arce.
La Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) reportó más de 50 puntos de bloqueo distribuidos en siete de los nueve departamentos del país. La Paz permanece prácticamente aislada por vía terrestre, mientras que en Cochabamba y El Alto se registran diariamente fuertes enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas policiales.
Las protestas están impulsadas principalmente por la COB, la Federación de Campesinos Túpac Katari y sectores afines al expresidente Evo Morales. Durante mediados de mayo, una multitudinaria marcha vinculada al sector “evista” recorrió cerca de 190 kilómetros hasta ingresar a El Alto y aumentar la presión sobre el Palacio de Gobierno.
En las últimas jornadas también se registraron saqueos, disturbios y la toma temporal de instalaciones estratégicas, como el aeropuerto de Cochabamba. El gobierno denunció además que los bloqueos provocaron la muerte de al menos cuatro personas que no pudieron ser trasladadas a hospitales debido a los cortes de rutas y al desabastecimiento.
La crisis también comenzó a generar fisuras dentro del propio gabinete nacional. El ministro de Trabajo, Edgar Morales, presentó su renuncia alegando la necesidad de contribuir a la pacificación del país en medio de un clima de creciente tensión política y social.
Mientras el presidente Paz insiste en que las protestas forman parte de un “intento de desestabilización política” impulsado por Evo Morales para regresar al poder, el exmandatario sostiene que las movilizaciones reflejan el cansancio de la población frente al aumento del costo de vida, el hambre y la inflación.
La comunidad internacional, incluyendo a la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Unión Europea y Estados Unidos, expresó su respaldo al orden democrático e institucional boliviano. Al mismo tiempo, distintos actores internacionales instaron al gobierno y a los sectores movilizados a alcanzar una salida negociada para evitar una mayor escalada del conflicto.